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A 35 años de la declaración de monumento nacional a Dos Ríos y el cementerio de Santa Ifigenia

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Por: José Pendás 

Foto: Internet

   Cúmplese hoy, 20 de mayo de 2014, 35 años de haber sido declarados Monumento Nacional respectivamente, la zona de Dos Ríos, ubicada en la provincia de Granma, y el cementerio Santa Ifigenia, en la heroica Santiago de Cuba, exactamente un día como hoy, pero en 1979.

   Significativamente ambos lugares guardan una estrecha relación, pues fue en la primera donde se produjo la caída en combate del Héroe Nacional José Martí el 20 de mayo de 1895, luchando por la independencia de Cuba, mientras que en la segunda reposan sus venerables restos mortales en un monumento cuyos 24 metros de altura dominan toda la necrópolis, siendo, además, su símbolo por excelencia, por cuyo lucernario se filtran los rayos del sol hacia la cripta, como había predestinado: /“No me pongan en lo oscuro/ A morir como un traidor,/ Yo soy bueno. Y como bueno/ Moriré de cara al sol”.

   Allí, junto al nicho ondea a perpetuidad la bandera nacional y hay un ramo de flores, como él había solicitado: “Yo quiero cuando me muera, sin patria, pero sin amo, tener en mi losa un ramo de flores y una bandera”.

   Al igual que ambos sitios, las provincias donde se están ubicados recogen otros muchos hechos relacionados con la historia antigua y reciente de la Patria.

   Granma es la provincia que lleva el inmortal nombre del yate que trajo a los 82 expedicionarios, encabezados por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, el 2 de diciembre de 1956, dando inicio a la lucha por la independencia definitiva de Cuba, alcanzada apenas dos años después, siendo, igualmente, la tierra que escucho por vez primera las notas de nuestro Himno Nacional. Por si fuera poco, también es una de las primeras villas fundadas en el siglo XVI.

  Este territorio del sureste cubano guarda relación al mismo tiempo con el surgimiento de la literatura cubana. Fue donde se inspiró el obispo Fray Juan de las Cabezas Altamirano, para narrar su secuestro por un pirata que fue muerto por el pueblo bayamés, siendo el motivo para que el prelado escribiera el primer poema cubano, titulado Espejo de Paciencia.

   Por último debemos resaltar que en la parte de la Sierra Maestra perteneciente a la provincia de Granma, donde Fidel y sus hombres iniciaron la lucha contra el ejército de Batista, se levanta majestuoso el famoso Pico Turquino a 1974 metros sobre el nivel del mar.

   Santiago de Cuba, rebelde ayer, hospitalaria hoy y heroica siempre, Inauguró en febrero de 1868, su cementerio Santa Ifigenia, del cual se dice que es depositario de buena parte de su historia pasada y presente, con más de ocho mil tumbas y otras construcciones luctuosas. Atesora un rico historial arquitectónico y cultural, por lo que es preocupación del Centro Provincial de Patrimonio Cultural y de la Oficina del Conservador de la Ciudad velar por su cuidado y preservación.

   Otros nombres gloriosos también inscritos para siempre en la historia de Cuba, reposan en este camposanto, como Carlos Manuel de Céspedes, José Maceo, Mariana Grajales, la madre de los Maceo; María Cabrales, la esposa del Titán de Bronce; y Elvira Capé. De la última etapa de la lucha por la independencia de Cuba en Santa Ifigenia están las tumbas de los hermanos Frank y Josué País, Otto Parellada, Tony Alomá, Pepito Tey, y otra pléyade de jóvenes santiagueros caídos en combate contra la tiranía de Fulgencio Batista. También yacen allí los restos de los combatientes internacionalistas caídos en otras tierras del mundo.

   Quiero cerrar haciendo referencia a un pasaje que leí en el libro Luz al universo, escrito por el estudioso manzanillero Gabriel Angel Cartaya, historiador y miembro de la Sociedad Cultural José Martí, sobre la amantísima madre del Apóstol, un día antes de su muerte. Escribe Cartaya: “El domingo 19 de mayo no salió el sol. Tampoco la luna hizo su fiesta, pues llevaba tres días en menguante. El calor en La Habana, acentuado en el bochorno del mediodía, la sacó de la siesta a la ventana en el justo instante en que un rayo, adelantándose al aguacero, se detuvo un instante a que ella mirara. Después no quiso decirle a nadie, ni deshecha en llanto, ni resignada en su dolor, que vio al hijo envuelto en aquella luz, elevándose y elevándola”.

 

20/05/2014 00:47. habanamia #. Especiales

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