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Teatro Sauto, Monumento Nacional.

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Por: José Pendás

   El 26 de abril de 1863, hace ahora exactamente 150 años, se produjo la inauguración de uno de los centros cubanos más emblemáticos de la cultura universal, el Teatro Sauto, ubicado en la ciudad de Matanzas. Para tal ocasión se escogieron las obras A buen hambre no hay pan duro, y El hombre del mundo.

   Cierto es que en su surgimiento tomó el nombre de Teatro Esteban, en honor al brigadier Pedro Esteban, gobernador de Matanzas, y no es hasta el 6 de mayo de 1899 que fue denominado con su nombre actual, y que como tal es reconocido por sus habitantes, como un símbolo de la ciudad, por su esplendor arquitectónico y la jerarquía de los artistas que han pasado por su escenario.

   La necesidad de un coliseo de tal naturaleza surgió en los momentos de mayor esplendor económico y cultural de la zona, precisamente en la década del 60 del siglo XIX, debido a las cuantiosas inversiones en el sector azucarero, lo que trajo consigo el acelerado despegue de la sociedad matancera, denominada desde entonces la Atenas de Cuba. Bajo la ascendencia de la Sociedad Filarmónica matancera se colectaron fondos entre los hacendados, comerciantes, propietarios, y hasta la autorización del Gobernador civil de la Isla, para la ejecución de la obra.

   La construcción del proyecto presentado por el arquitecto italiano Daniel Dall Aglio, comenzó alrededor del mes de abril de 1860, con la destrucción de la Plaza de Toros y los depósitos de la Real Aduana, además del relleno de la zona cenagosa sobre la que se ejecutaría la porción posterior del edificio. El levantamiento de la edificación originó uno de los más trascendentes momentos de la historia de la provincia: el descubrimiento de las Cuevas de Bellamar en el lugar donde se extraía la cal para las obras.

   Al describir este imponente edificio un experto diría que resulta un fiel ejemplo del estilo neoclásico, impresionando por su escala y tratamiento estilístico. Presenta cuatro fachadas entre las que destaca la principal, de estilo jónico, con pórtico y una planta alta de similar nobleza; todo coronado por un frontón rectilíneo de óculo central. En las fachadas laterales se resalta la galería de los fumaderos. Dicha área introduce una nota de profundidad y sombra, entre las partes del frente y la que ocupan los camerinos, lográndose así un agradable equilibrio. Por su parte la fachada posterior, de orden dórico, se caracteriza por la sobriedad del tratamiento en el muro. Ya en el interior, el teatro sorprende por la funcionalidad, la relación que se establece entre los distintos espacios, y la sobria, aunque detallada, decoración. Por su forma de herradura la sala se incluye en la familia de teatros “a la italiana”.

   Tiene capacidad para 775 espectadores y un estremecimiento de placer se siente, como hace siglo y medio, cuando se escucha la campanilla desde el llamado palco presidencial. En su vestíbulo se alzan estatuas de mármol de diosas griegas, y en el techo de la sala principal, las musas parecen revoletear en los frescos.

   La instalación es una joya arquitectónica, concebida como la caja armónica de un instrumento musical. Su acústica se considera perfecta. El estilo utilizado por el artista recuerda, en numerosos detalles, a la Scala de Milán.

   Por el Sauto han pasado grandes figuras del escenario, tanto nacionales como extranjeras. Entre las primeras sobresalen la Prima Ballerina Assoluta Alicia Alonso; el músico Ernesto Lecuona; el compositor, guitarrista y director de orquesta Leo Brouwer, mientras que el genial ajedrecista José Raúl Capablanca jugó una sesión de simultánea en sus salas. Entre las personalidades extranjeras de las artes resaltan Anna Pavlova; el tenor Enrico Caruso; la actriz Sara Bernhardt; el dramaturgo y Premio Nobel de Literatura español, Jacinto Benavente; la actriz y cantante argentina Libertad Lamarque, y el bailarín español Antonio Gades, gran amigo de Cuba y cuyos restos descansan aquí. Igualmente El Sauto ha sido sede de extraordinarios hechos históricos, como el haber sido entonado por vez primera en público, en 1899, el Himno de Bayamo, así como haberse constituido los Órganos del Poder Popular en 1974.

   El Teatro Sauto todo es una gran obra de arte de las más reconocidas del país. En sus ya 150 años de existencia aun presenta originalidad en su arquitectura, en su diseño interior, en su telón de madera en el que se representa el Puente de La Concordia que cruza el matancero río Yumurí. Por ello la Resolución 003, del 10 de octubre de 1978, con grado de protección I lo declaró Monumento Nacional.

26/04/2013 00:57. habanamia #. Cultura

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